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Los (ya no tan) exclusivos animales salvajes como mascotas

  • Foto del escritor: Roger Valls Martínez
    Roger Valls Martínez
  • hace 14 horas
  • 8 Min. de lectura

La fauna silvestre cada vez está más normalizada como parte de los entornos domésticos. Es cierto, al menos en los países occidentales, que la ocurrencia de cierto tipo de fauna en casa, especialmente primates, es ya infrecuente. Sin embargo, algunos animales, como los loros, han ido ganando popularidad a través de vídeos virales en redes sociales y su tenencia va en aumento. Pero, ¿es eso normal? ¿Deberíamos quizás preguntarnos si el lugar para un animal silvestre es su hábitat natural, en lugar de un hogar humano?



¿En qué momento empezó a normalizarse mantener fauna silvestre en cautividad?


Como explicaba en un artículo anterior, las diferencias entre la fauna silvestre y la fauna doméstica son, en la mayoría de los casos, bien claras. Sin embargo, a lo largo de los últimos años parece que, a pesar de que a día de hoy existen toneladas de información con respecto a los problemas que esto conlleva, cada vez es más común la tenencia en cautividad de cierto tipo de animales silvestres.


Y no es que nunca hubiera sucedido antes. El uso de fauna silvestre como mascotas, con fines ornamentales o como símbolo de estatus social es algo que ha existido siempre, en todas las partes del mundo. Sin embargo, a día de hoy está teniendo lugar un fenómeno mundial en el que aparecen diariamente nuevas oleadas de personas interesadas en mantener animales salvajes en cautiverio, alentadas constantemente por lo que ven en redes sociales. Todo ello, a pesar de que en nuestro tiempo existe información científica que revela un gran número de aspectos negativos asociados a estas prácticas: problemas de bienestar animal, de salud humana, de seguridad, de conservación y medio ambiente… Información que, dicho sea de paso, no existía antaño, lo cual justifica que nuestros antepasados lo hicieran. Pero nosotros… lo siento, pero nosotros no tenemos perdón (es una expresión, ¡que nadie se me ponga intenso!).


"Mujer alimentando a un loro, con un paje" de Caspar Netscher (año 1666).
"Mujer alimentando a un loro, con un paje" de Caspar Netscher (año 1666).


¿Por qué animales silvestres en lugar de domésticos?


Llegados a esta situación, es pertinente preguntarse, ¿qué motiva a las personas a adquirir animales silvestres como animales de compañía? De acuerdo con Kellert (1993), las personas que tienen mascotas tienden a mostrar una marcada actitud humanista y moralista* hacia los animales. Drews (2002) postula que la tendencia de nosotros, los humanos, a mantener animales silvestres bajo nuestro cuidado puede deberse a la biofilia, entendiéndose como tal la tendencia e interés innatos, adquiridos evolutivamente, en la flora, la fauna y, en general, en los procesos y seres vivientes.


Y, si bien es posible que la biofilia tenga parte de la “culpa”, no puede ser el único actor en este fenómeno, pues los animales domésticos son de igual manera seres vivientes. Entonces, tiene que haber algo más que inclina a algunas personas a mantener fauna silvestre en lugar de fauna doméstica (como perros o gatos) en sus hogares. Kellert (1993) afirma que la proporción de ciudadanos que se inclina a mantener en casa animales silvestres en lugar de domésticos, mostraría adicionalmente actitudes como la estética y la naturalista* en relación a la fauna.


La belleza estética y la capacidad de reproducir sonidos de muchas especies de loro han sido los principales motivos por los que mucha gente se ha interesado en su tenencia en el hogar. - Fotografía propia.
La belleza estética y la capacidad de reproducir sonidos de muchas especies de loro han sido los principales motivos por los que mucha gente se ha interesado en su tenencia en el hogar. - Fotografía propia.

  • Actitud humanista: Interés y cariño intenso por animales individuales como mascotas. Suele ir asociado con la humanización del animal.

  • Actitud moralista: Preocupación por cómo se trata a los animales. Teórica oposición a la explotación y/o la crueldad hacia ellos.

  • Actitud estética: Interés en el atractivo físico y simbólico de los animales.

  • Actitud naturalista: Interés por la vida silvestre y la naturaleza.


Fuente: traducido de Kellert (1993).


En este sentido, se da en el caso de la tenencia de animales silvestres una curiosa paradoja, en la que comúnmente, a pesar de que los cuidadores quieren lo mejor para sus animales, su actitud humanista con respecto a ellos hace que tiendan a humanizarlos. Este proceso de humanización hace que las necesidades biológicas reales de estos animales tiendan a ignorarse o a desconocerse por completo y que sean sometidos a condiciones de cautividad inadecuadas.


Muchas veces la humanización del animal inicia su proceso incluso antes de que haya llegado al hogar. Éste, aparece en situaciones y contextos humanos en todo tipo de vídeos virales en redes sociales, lo que hace que el usuario, en consecuencia, humanice al animal en primera instancia. Llegados a este punto, ya se ha despertado en el usuario el interés por tener a uno de estos animales en casa. Houston, tenemos un problema. Y es que la lista de personas que me han dicho a posteriori “si llego a saber que tener a estos animales en casa es así, jamás lo hubiera tenido” es casi interminable.



Los problemas de mantener fauna silvestre en entornos domésticos


Algo evidente es que la evolución ha moldeado la anatomía, la fisiología y el comportamiento de los animales salvajes para maximizar su fitness (o aptitud) para sobrevivir y dejar descendencia en los ambientes que habitan viviendo en libertad. Por otro lado, algo igualmente evidente es que las características de los entornos domésticos (los hogares humanos) difieren por completo de las de sus hábitats naturales.


Así pues, cuando mezclamos ambas realidades ubicando a un animal silvestre en un entorno doméstico, lo que estamos haciendo es forzarlo a adaptarse a unas condiciones que nada tienen que ver con aquellas que, mediante decenas de miles de años de evolución, han ido moldeando su genoma generación tras generación. Aplicándolo a los loros, por ejemplo: hablamos de animales terriblemente inteligentes y activos, animales profundamente sociales y con estilos de exploración y forrajeo complejos, que requieren de búsqueda y manipulación extensiva del alimento en muchos casos. Estos animales necesitan entornos que permitan satisfacer las necesidades que derivan de estas características también en entornos cautivos o, de lo contrario, su estatus de bienestar será pobre, tal como señala Mellor et. al. (2021). Pero claro, reproducir tal ambiente en cautividad no es tarea fácil, y mucho menos en un hogar humano. Y de la misma forma que sucede con las psitácidas, sucede con buena parte de la fauna silvestre que es mantenida en cautividad.


Pero, más allá de las dificultades inherentes a la tenencia de fauna salvaje en casa, se dan actualmente determinadas circunstancias que contribuyen a agrandar el problema todavía más si cabe. Antes hablaba de la humanización a la que son sometidos estos animales cuando viven en entornos domésticos y al ser mostrados al público en redes sociales. Y es que pocas cosas dan más visitas y likes que aparecer en redes dando besitos y achuchones a tu "exclusivísimo" animal salvaje. Pero claro, esto se traduce en la humanización del animal, también por parte de los usuarios que disfrutan dicho contenido.


Perezoso de tres dedos (Bradypus variegatus) en estado silvestre. - Fotografía de Noelia Sánchez.
Perezoso de tres dedos (Bradypus variegatus) en estado silvestre. - Fotografía de Noelia Sánchez.


Humanizar a los animales silvestres nos hace malinterpretar sus necesidades


A menudo digo que, si todo el mundo fuera consciente de cuáles son las necesidades, preferencias, motivaciones y sentimientos de muchos de los animales salvajes que suelen tenerse en cautividad, no habría ni uno sólo siendo la mascota de alguien. Pienso que se trata de desconocimiento, y no de mala intención. Al menos, ese es mi caso, que también he tenido loros como mascota viviendo en mi casa algunos años atrás.


La humanización de los animales y, en especial, de los animales silvestres, contribuye a que se ignoren sus necesidades físicas y sobre todo las psicológicas. Así, a la privación de libertad, se le suman problemas como el aburrimiento, la falta de interacción social con otros de su misma especie y muchos otros. En estos casos, el afecto por el animal se convierte en su peor enemigo, pues sus propios cuidadores lo humanizan hasta tal extremo que lo mantienen bajo su cuidado creyendo que su cariño es, de algún modo, el perfecto sustituto de sus apetitos nutricionales y de hábitat, y de sus necesidades sociales y de estimulación cognitiva, los cuales han sido forjados en la especie durante miles de años de evolución en estado silvestre.


De igual forma, y esto es algo que sucede bastante a menudo, tampoco basta con que tengamos algunos conocimientos básicos de la biología del animal, si no entendemos profundamente qué necesidades intrínsecas derivan de ella. Por poner algún ejemplo, mucha gente sabe ya que los loros son animales sociales y que normalmente crean fuertes vínculos de pareja en vida silvestre. El problema es que eso lleva a mucha gente a pensar que su presencia e interacción con el animal en su tiempo libre compensará la privación de una vida en libertad compartida con sus congéneres.


De igual forma, hablando tanto de loros como de otras aves, dado que son animales que utilizan el vuelo como método principal de desplazamiento, la mayoría de personas creen que su necesidad más básica a cubrir es precisamente esa, el vuelo. Nada más lejos de la realidad, hay muchas otras necesidades con mayor prioridad desde un punto de vista psicológico que el vuelo en estos animales. Pero, como digo, pocas veces se conocen las necesidades reales de estos animales, aquellas que marcan la diferencia entre un animal con cierta calidad de vida y un animal que vive en un estado de permanente estrés y frustración.


Por fortuna, la demanda de primates como animales de compañía ha decrecido muchísimo en las últimas décadas en países como España. - Fotografía de Noelia Sánchez.
Por fortuna, la demanda de primates como animales de compañía ha decrecido muchísimo en las últimas décadas en países como España. - Fotografía de Noelia Sánchez.


Para terminar, dejando al margen aspectos medioambientales, de salud pública y algunos otros, y centrándome exclusivamente en el bienestar de los animales, los motivos que he expuesto son básicamente los que considero fundamentales para entender por qué la fauna silvestre, dada su naturaleza no doméstica, no debería mantenerse en un ambiente doméstico. Y, como siempre digo, esto no es una propuesta ni una opinión política (un ámbito del que me mantengo totalmente al margen). Es una realidad fehaciente y constatable que me esfuerzo por divulgar para que cada vez sea menos la gente que decide poner en su hogar a un animal salvaje. Como lleva años diciendo Frank Cuesta, “si no hay demanda, no hay negocio”. Y es que, sinceramente, creo que la única forma de controlar los impulsos del ser humano por introducir fauna salvaje en su casa es difundir información que motive a cada persona a iniciar un proceso de racionalización y sensibilización con respecto a la realidad que les toca vivir a estos animales cuando no viven en libertad.


¡Y nada más gente! Espero haber contribuido a generar conocimiento en vosotros de algún modo con este post y haberos ayudado a tener una idea más clara de qué consideráis o no aceptable para con la fauna silvestre. Como quizás sepas, no siempre me he posicionado en contra de la tenencia de fauna salvaje como animales de compañía, pero también es cierto que no siempre he tenido el conocimiento que tengo a día de hoy, que es el que trato de transmitir en este blog. Con esto me despido, no sin antes animarte, como siempre hago, a que dejes tus preguntas y comentarios más abajo. Un abrazo enorme y, ¡nos leemos en la próxima!



Roger Valls Martínez





BIBLIOGRAFÍA


Drews, C. (2002) Rescate de fauna en el neotrópico: Iniciativas y perspectivas. Heredia, Costa Rica: EUNA. 


Kellert, S. R. (1993). Attitudes, knowledge, and behavior toward wildlife among the industrial superpowers: United States, Japan, and Germany. Journal of Social Issues, 49(1), 53–69. https://doi.org/10.1111/j.1540-4560.1993.tb00908.x


Mellor, E.L. et al. (2021) ‘Nature calls: Intelligence and natural foraging style predict poor welfare in captive parrots’, Proceedings of the Royal Society B: Biological Sciences, 288(1960). doi:10.1098/rspb.2021.1952. 

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