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Enriquecimiento Ambiental e Ingeniería Conductual: mucho más que decorar o poner juguetes

  • Foto del escritor: Roger Valls Martínez
    Roger Valls Martínez
  • hace 1 hora
  • 8 Min. de lectura

Si trabajas con fauna salvaje o sencillamente tienes animales a tu cargo, probablemente hayas oído hablar del enriquecimiento ambiental. Es un término ampliamente utilizado en los últimos años, cada vez más presente en centros de fauna e incluso en el ámbito de la tenencia doméstica. Ahora bien, que sea frecuente no significa que se interprete y se aplique correctamente. Porque no, el enriquecimiento ambiental no consiste simplemente en “poner cosas” a disposición del animal. Y desde luego, tampoco es una cuestión estética. En esta entrada te voy a hablar de ingeniería conductual.



¿Qué estamos intentando mejorar exactamente?


Cuando hablamos de enriquecimiento ambiental, tenemos que hablar necesariamente de bienestar animal. Y eso implica asumir algo que, a día de hoy,  ya no debería ser objeto de debate: cubrir las necesidades básicas no es suficiente para asumir que un animal “está bien”.


Un animal puede estar bien alimentado, recibir atención veterinaria y vivir en un espacio aparentemente correcto (¿qué es correcto?), y aun así experimentar un bienestar pobre. ¿Por qué? Porque no se trata sólo de sobrevivir durante el mayor tiempo posible. Especialmente en cautividad, contexto en el que, precisamente, la supervivencia no supone (o no debería suponer) reto alguno para estos individuos. La fauna silvestre necesita tomar decisiones, resolver situaciones, enfrentarse a desafíos. En otras palabras, necesitan la libertad de poder comportarse como lo harían en su entorno natural. Y es aquí donde el enriquecimiento ambiental entra en juego.


El comportamiento de la fauna en libertad suele ser complejo y cambiante, pero siempre responde a unas motivaciones, y es expresado por individuos que esperan que los resultados de dicho comportamiento satisfagan esas motivaciones. - Fotografía de Noelia Sánchez.
El comportamiento de la fauna en libertad suele ser complejo y cambiante, pero siempre responde a unas motivaciones, y es expresado por individuos que esperan que los resultados de dicho comportamiento satisfagan esas motivaciones. - Fotografía de Noelia Sánchez.

Según la definición de Shepherdson et al. (1998), este concepto describe cómo el entorno de los animales en cautiverio puede ser modificado para el beneficio de sus habitantes. El BHAG (1999) lo define como un proceso dinámico para mejorar el cuidado animal dentro del contexto de la biología conductual y la historia natural de cada especie, incrementando las opciones de comportamiento disponibles. Según mi criterio personal, he hecho mi propia versión de la definición de este término, que considero que es completa, aterrizada y aplicable a la práctica. Es la siguiente:


"El enriquecimiento ambiental es una herramienta de manejo de fauna en cautividad que consiste en introducir cambios en el entorno de los animales que contribuyan a incrementar la complejidad y el dinamismo de su entorno, y a generar nuevos aprendizajes y comportamientos."


Así pues, y de acuerdo a todas estas definiciones, puede extraerse que el enriquecimiento ambiental tiene sentido sólo si consigue generar oportunidades reales de comportamiento asimilable al natural. No de forma puntual, no como algo accesorio, sino como un elemento vertebrador del bienestar diario del animal.


Los comportamientos naturales no tienen porqué promoverse utilizando elementos o materiales naturales. Los animales satisfacen sus motivaciones ejecutando conductas y viviendo experiencias. No son simples depósitos de estímulos, que se contentan con "ver verde a su alrededor". - Fotografía de Noelia Sánchez.
Los comportamientos naturales no tienen porqué promoverse utilizando elementos o materiales naturales. Los animales satisfacen sus motivaciones ejecutando conductas y viviendo experiencias. No son simples depósitos de estímulos, que se contentan con "ver verde a su alrededor". - Fotografía de Noelia Sánchez.

Más allá de eso, y desde una perspectiva más global, Young (2003) identifica cinco objetivos estratégicos para la implementación práctica del enriquecimiento ambiental:


  1. Incrementar la diversidad conductual: Fomentar que el animal disponga de una gama más amplia de actividades diarias.

  2. Reducir las conductas anormales: Disminuir la frecuencia de estereotipias o comportamientos desadaptativos mediante la estimulación adecuada.

  3. Aumentar el rango de patrones de conducta normales: Promover acciones que el animal realizaría de forma natural en su estado silvestre.

  4. Utilización positiva del entorno: Asegurar que el animal aproveche todo el espacio disponible de manera funcional y saludable.

  5. Mejorar la capacidad de afrontar retos: Fortalecer la resiliencia del animal para responder a desafíos de manera psicológicamente sana.



El problema de fondo: cuando eliminamos el proceso


Hay un punto que suele pasarse por alto, pero que explica buena parte de los problemas en cautividad. En condiciones naturales, casi todo lo que un animal necesita requiere un proceso conductual complejo: interacciones sociales, forrajeo, locomoción, exploración.... Encontrar alimento y acceder a él, relacionarse con una potencial pareja, escapar de un depredador, bañarse bajo la lluvia o, de lo contrario, refugiarse bajo un árbol denso… Nada ocurre de forma automática. Los animales tienen la capacidad de satisfacer sus motivaciones de forma autónoma, y de reaccionar a lo que sucede en su entorno para generar sus propias consecuencias.


Uno de los objetivos que perseguimos con el enriquecimiento ambiental es equiparar lo máximo posible el patrón de conducta de los individuos que mantenemos (Nº1 y Nº2) al de sus homólogos de vida libre (Control). Este es el resultado de un estudio de comportamiento que llevamos a cabo con guacamayos escarlata destinados a liberación. - Creación propia.
Uno de los objetivos que perseguimos con el enriquecimiento ambiental es equiparar lo máximo posible el patrón de conducta de los individuos que mantenemos (Nº1 y Nº2) al de sus homólogos de vida libre (Control). Este es el resultado de un estudio de comportamiento que llevamos a cabo con guacamayos escarlata destinados a liberación. - Creación propia.

Dicho proceso implica tiempo, esfuerzo y actividad cognitiva. Es una conducta producto del instinto y el aprendizaje actuando en conjunto, y llevarla a cabo suele ser mucho más profundo, complejo y motivante de lo que nos podemos llegar a imaginar. Sin embargo, en muchos entornos controlados ese proceso desaparece. El alimento llega como por arte de magia. El agua está ahí, disponible. El entorno es predecible. Desde un punto de vista práctico, tiene sentido. Muchos incluso defienden que ya les gustaría a ellos ser ese animal: “¡vive mejor que yo!”, afirman. Sin embargo, desde un punto de vista mental, tenemos a un individuo privado de libertad para tomar decisiones y, por tanto, de influir en su propio destino. Da igual lo que haga, porque la comida y el agua estarán ahí. O no. Pero, de nuevo, da igual, porque no depende de él que lo haga.


Cuando eliminamos este proceso, la vida del animal deja de cobrar sentido. Y eso tiene consecuencias.



Conducta apetitiva y consumatoria: una distinción clave


Para entender esto mejor, conviene diferenciar dos fases del comportamiento que, en la naturaleza, van siempre juntas. O por lo menos, la primera debe necesariamente preceder a la segunda:


  1. Conducta apetitiva: buscar, explorar, manipular, huir, solicitar contacto social...

  2. Conducta consumatoria: obtener la recompensa por la conducta apetitiva: comer, beber, no ser cazado, recibir afecto de un tercero...


En los sistemas de manejo y cuidado tradicionales, la conducta consumatoria se mantiene, pero la apetitiva desaparece. El animal come, sí, pero ya no busca, ni investiga, ni resuelve, ni decide. Y bajo mi experiencia, como digo, eso es un problema grave. No porque el animal deje de cubrir sus necesidades básicas, sino porque pierde la oportunidad de comportarse de forma funcional. Y eso, a medio y largo plazo, suele traducirse en frustración y estrés, dando lugar a la aparición de comportamientos desadaptativos, como la hiperagresividad, la apatía, las estereotipias o la automutilación.


Fase apetitiva de la alimentación, o forrajeo, en un oso hormiguero (Tamandua mexicana) que busca su preciado botín en un termitero que le ofrecimos. - Fotografía de Noelia Sánchez.
Fase apetitiva de la alimentación, o forrajeo, en un oso hormiguero (Tamandua mexicana) que busca su preciado botín en un termitero que le ofrecimos. - Fotografía de Noelia Sánchez.

Mediante el enriquecimiento ambiental tratamos precisamente de reconstruir ese ciclo completo. Evitar limitarnos a ofrecer la recompensa, sino que introducimos condiciones para que el animal tenga que hacer algo antes de obtenerla, tal como sucedería en estado silvestre.



Ingeniería conductual: diseñar para que ocurran cosas


Aquí es donde entra la ingeniería conductual, que propone un enfoque del enriquecimiento ambiental basado en principios de aprendizaje (especialmente el condicionamiento operante) para diseñar situaciones en las que el animal debe realizar una o varias conductas (normalmente de tipo apetitivo, como buscar o manipular) para obtener una recompensa. Su objetivo es, precisamente, restaurar la relación natural entre esfuerzo y resultado, devolviendo al animal oportunidades de control, actividad y comportamiento funcional. No se trata pues de ofrecer objetos o juguetes, ni tampoco un ambiente visualmente “estético”, sino de diseñar situaciones que promuevan conductas.


Situaciones en las que:


  • El animal tenga que actuar.

  • Exista una relación clara entre conducta y resultado.

  • Haya cierto grado de dificultad.

  • Se mantenga el interés en el tiempo.


Esto implica cambiar el enfoque habitual. En lugar de pensar sólo en “qué ponemos”, nos preguntamos antes “¿qué queremos que ocurra?”. Porque un dispositivo puede ser muy elaborado, muy caro o muy atractivo visualmente, pero si no genera interacciones relevantes, su valor será nulo para el bienestar del animal.


Ofrecer materiales que permitan al animal construir sus propios nidos o lechos puede ser una estupenda forma de otorgarle herramientas para que se "genere su propio bienestar". - Fotografía propia.
Ofrecer materiales que permitan al animal construir sus propios nidos o lechos puede ser una estupenda forma de otorgarle herramientas para que se "genere su propio bienestar". - Fotografía propia.


El control sobre el entorno: un factor que marca la diferencia


Hay otro elemento que conviene tener en cuenta, que he introducido de forma breve anteriormente en esta entrada y del que he hablado extensamente en otras: el control ambiental. Cuando un animal puede influir en lo que ocurre en su entorno, su comportamiento cambia. Se vuelve más proactivo, pero también más coherente. Lo que hace y lo que no hace empieza a tener mucho más sentido, y es ahí cuando seremos capaces de entender su comportamiento. Es lo bueno de eliminar conductas anormales y desadaptativas, que el comportamiento pasa a actuar como enlace lógico entre la motivación del individuo y el resultado que obtiene.


Pero esta necesidad de control ambiental no debería sorprenderle a nadie. También la tenemos las personas. Te lo explico con un ejemplo: ponte en el supuesto de que te dedicas a vender plátanos como asalariado. Ayer eras novato, y sólo vendiste 5 plátanos. Hoy te esfuerzas mucho y estudias técnicas avanzadas de venta de plátanos, y vendes 20 plátanos. Tu salario, sin embargo, es el mismo. Injusto, ¿verdad? Frustrante, diría yo. Pues así lo perciben también los animales que están bajo nuestro cuidado cuando no tienen un sistema de incentivos como el que tratamos de implementar a través de la ingeniería ambiental.


Promover comportamientos de forrajeo naturales es fantástico, como se ve con estos monos aulladores alimentándose en suspensión. Pero como se puede ver en la imagen siguiente, también es interesante fomentar comportamientos no exactamente naturales, pero sí derivados de los mismos. - Fotografía propia.
Promover comportamientos de forrajeo naturales es fantástico, como se ve con estos monos aulladores alimentándose en suspensión. Pero como se puede ver en la imagen siguiente, también es interesante fomentar comportamientos no exactamente naturales, pero sí derivados de los mismos. - Fotografía propia.
Que muestren una motivación más elevada por trabajar para obtener alimento que por el propio alimento es algo que, contra todo pronóstico, sucede. Y se llama contrafreeloading. - Fotografía propia.
Que muestren una motivación más elevada por trabajar para obtener alimento que por el propio alimento es algo que, contra todo pronóstico, sucede. Y se llama contrafreeloading. - Fotografía propia.

Cuando ese control desaparece, cuando todo es predecible (o completamente impredecible), cuando nada depende de sus acciones y no hay poder de decisión, aparecen los problemas, que escalan desde el aburrimiento y la frustración, a un estado de estrés crónico, y por tanto, a un bienestar general pobre debido a ello.


A veces se manifiesta de forma evidente, como es el caso del picaje en loros, o la automutilación en general, pero no siempre lo hace. Como digo, en ocasiones sólo se muestra en forma de apatía y de indefensión aprendida, pero eso no lo hace menos importante. Sólo menos visible. Por eso, el enriquecimiento ambiental no debería plantearse únicamente como una forma de agregar estímulos, sino como una herramienta para devolver cierto grado de control a animales cuya vida está controlada por terceros (nosotros).



Diseñar enriquecimiento no es improvisar


Para terminar me gustaría listar brevemente los criterios que, para un especialista en bienestar (Young, 2003), debería cumplir un dispositivo exitoso:


  • Funcionalidad por encima de estética: Puede parecer obvio, pero no siempre se cumple. Si el dispositivo no provoca una conducta deseada, no funciona.

  • Ajuste a la especie: Cada especie tiene capacidades, motivaciones y limitaciones diferentes. Lo que funciona para un primate no tiene por qué funcionar para una psitácida o un felino cazador.

  • Uso de habilidades naturales: El enriquecimiento debe apoyarse en comportamientos que ya forman parte del repertorio de la especie, o derivados o asimilables a estos: manipular, rasgar, trepar, empujar, explorar… hay que estudiar cada caso.

  • Variabilidad: En la naturaleza, los recursos no son completamente predecibles. Introducir cierta incertidumbre ayuda a mantener el interés y evita la habituación.

  • Seguridad: Materiales adecuados, estructuras resistentes, ausencia de elementos peligrosos. No debería hacer falta insistir en esto, pero sigue siendo un punto crítico. Debemos ser capaces de introducir elementos y nuevos comportamientos sin comprometer la seguridad de los animales.

  • Mantenimiento: Si un dispositivo es difícil de limpiar, preparar o recargar, su uso acabará siendo irregular o incluso nulo. Y un enriquecimiento que no se utiliza de forma sistemática dentro de un plan pierde gran parte de su valor.



Y bueno, ya lo dejo por aquí que se me ha alargado bastante la entrada. Espero que te haya resultado interesante, que te haya hecho reflexionar, y si tienes animales a tu cargo, que te haya invitado a plantearte otra forma de hacer las cosas con ellos. Te animo como siempre a que dejes tu comentario más abajo, para que me cuentes tu opinión al respecto, tus experiencias o para que me preguntes lo que creas conveniente. ¡Un abrazo y nos leemos en la próxima!


Roger Valls Martínez



BIBLIOGRAFÍA


Shepherdson, D. J., Mellen, J. D., & Hutchins, M. (Eds.). (1998). Second nature: Environmental enrichment for captive animals. Smithsonian Institution Press. 


BHAG (1999) Behaviour and Husbandry Advisory Group, a scientific advisory group of the American Zoo and Aquarium Association Workshop at Disney’s Animal Kingdom. 


Young, R. J. (2003). Environmental enrichment for captive animals. Blackwell Science 


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