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  • Foto del escritorRoger Valls Martínez

¿Los loros juegan entre ellos?

Jugar es divertido. A todos nos gusta jugar con otros, sea de la forma que sea: nos relaja, nos emociona, nos ayuda a liberar estrés, ansiedad y, en definitiva, nos produce una sensación de bienestar que hace que volvamos a hacerlo a la mínima oportunidad. Se sabe que muchos animales no humanos también juegan entre ellos, especialmente mamíferos como cánidos o primates, pero, ¿y los loros? ¿Los loros también juegan?


Dos cotorras cabeciazules (Psittacara acuticaudatus) jugando entre sí en Butterfly Park. - Fotografía de Noelia Sánchez.

¿Qué es exactamente el "juego"?


Desde un punto de vista etológico, cuando hablamos de juego nos referimos a comportamientos voluntarios, intrínsecamente motivados y no funcionales, es decir, que no cumplen con un propósito inmediato y directo en términos de supervivencia y reproducción para el individuo que los expresa.


Esta categoría de comportamiento a menudo involucra interacciones sociales, manipulación de objetos, movimientos repetitivos y simulación de situaciones vinculadas a la supervivencia o la reproducción. El juego se lleva a cabo de manera espontánea, sin una presión ambiental como desencadenante y generalmente ocurre en un contexto en el que el animal se siente seguro.



Juego social en mamíferos sí, pero ¿en aves?


El juego social es común entre muchos mamíferos. Incluso en especies relativamente solitarias como los osos, el juego entre ellos tiene lugar habitualmente en su etapa juvenil, pues dichos comportamientos les ayudan a prepararse para adquirir hábitos y destrezas para sobrevivir y dejar descendencia en su adultez. Algunas aves, pese a ser animales evolutivamente distantes de los mamíferos, parecen haber convergido con muchos de estos en su evolución, desarrollando en numerosas ocasiones este mismo tipo de conducta.


El juego ha sido reportado y demostrado en varios grupos de aves, como los córvidos, los turdoides, los cálaos o, como en el caso que nos ocupa, los psitaciformes. En algunas especies, la complejidad de los juegos observados es enorme, pudiendo compararse incluso al de cánidos y primates superiores. Y es que, como digo, la forma y las características de los juegos sociales que tienden a expresarse dependen, entre otras cosas, de la especie en cuestión.



Tipos de juego social


Cuando hablo de juego social, hablo de una actividad que implica reciprocidad entre los individuos implicados, que suelen ser dos, pero también pueden ser más. No se trata simplemente de acciones de juego individual en presencia de otros. Esta categoría de comportamiento puede clasificarse en cuatro categorías diferentes empíricamente separables, de acuerdo con Bond y Diamond (2003)¹:


  • Juego de persecución: Persecuciones en vuelo o por tierra, sin un comportamiento consumatorio al final del recorrido más allá de otros comportamientos de juego. Comúnmente, se caracteriza por el intercambio de roles entre el perseguidor y el perseguido.


 

Un comportamiento consumatorio es aquél que se expresa en respuesta a un estímulo y que logra la satisfacción de un impulso específico. Por ejemplo, en el caso de una persecución que no implique juego, un comportamiento consumatorio plausible podría ser una agresión dirigida del individuo perseguidor al individuo perseguido.

 

  • Juego de lucha: Patrones de comportamiento derivados de conducta agonística, fundamentalmente de agresión, pero llevados a cabo de manera que se minimicen las consecuencias negativas: picotazos suaves, sujeción mútua mediante las patas, empujones, etcétera. Básicamente, se trata de una versión limitada y light de los comportamientos de pelea entre los loros, que es realizada de forma recíproca y no lleva a una resolución final.

  • Invitación al juego: Comportamientos específicos que un loro utiliza para incentivar a otro a iniciar (o reanudar) una actividad de juego. Pueden ir seguidos de un comportamiento de juego, como una persecución o una lucha.

  • Juego social con objetos: Interacción de los individuos involucrados con un objeto inanimado (o varios), sin un comportamiento consumatorio posterior, o bien con una culminación en forma de juegos de lucha o persecución. En keas (Nestor notabilis), por ejemplo, se ha descrito un comportamiento de juego consistente en lanzar pequeños objetos al aire de forma repetida entre varios individuos.



Manolo y Alexia, dos loros eclectus jugando entre sí, utilizando una hoja para tal fin (Butterfly Park). - Vídeo de Noelia Sánchez.



Que todos estos comportamientos representen un juego, en lugar de una agresión o cualquier otro tipo de comportamiento agonístico, se sugiere por el hecho de que, como ya he ido apuntando a lo largo del post, son realizados muchas veces de forma repetitiva, recíproca y carecen de conducta consumatoria. Esto significa que las acciones no se resuelven, como sucedería en el caso de las interacciones agonísticas, sino que suelen repetirse con alternancia de roles entre los individuos, hasta que pasan a realizar otra actividad.



¿Para qué les sirve jugar?


Entonces, si el juego involucra comportamientos que no se resuelven y que tampoco persiguen una finalidad inmediata en términos de supervivencia o reproducción, ¿qué funciones desempeña su expresión en estos animales?


Pues lo cierto es que muchos más de los que podríamos llegar a imaginar. Para empezar, el juego en general puede desempeñar un papel crucial en el aprendizaje y perfeccionamiento de habilidades cognitivas, motoras y sociales, especialmente en juveniles, pues les permite poner en práctica comportamientos y actividades que les serán muy útiles a medida que vayan completando su independencia como individuos. Asimismo, durante el juego los jóvenes interactúan con su entorno físico y social, explorándolo, lo cual contribuye a la comprensión del mundo que los rodea.



Juego de lucha entre Kaki y Lola, dos caique de cabeza naranja (Pionites leucogaster). Al final del vídeo se aprecia que no existe comportamiento consumatorio. - Vídeo propio.



 Pero, a diferencia de lo que solemos pensar, el juego social no sólo puede observarse entre individuos jóvenes que todavía no se han emancipado de sus progenitores. Los adultos también juegan entre ellos como una forma de establecer y fortalecer lazos sociales entre individuos, mejorando así la integración social en el grupo. Algunos de estos comportamientos, en especial cuando tienen lugar entre dos individuos de una pareja, tienen incluso un componente de cortejo, pudiéndose interpretar en algunos casos como una forma de interacción pre-reproductiva.


Al margen de estos supuestos, que pueden tener lugar en cualquier contexto, el juego es especialmente importante en loros que viven en cautividad. No es casual que la prevalencia de comportamientos de juego en loros adultos sea mucho mayor en cautiverio que en vida libre. Estos individuos, que por lo general disponen de mucho tiempo libre y no necesitan preocuparse constantemente por su supervivencia, tienen la posibilidad (y no sólo la posibilidad, también la necesidad) de mantenerse ocupados física y mentalmente en comportamientos de los que no depende su supervivencia, destacando entre ellos el juego, sea del tipo que sea. En entornos de cautividad, donde los loros tienen menos oportunidades para comportamientos naturales como el vuelo, jugar es una fantástica forma de mantener la mente y el cuerpo ocupados y liberar estrés y energía. Además, cuando involucra objetos y actividades complejas, proporciona a las aves una ejercitación cognitiva muy necesaria, pues los loros son animales muy inteligentes y activos, y requieren de esta estimulación para su bienestar mental.


Pocas personas son conscientes de que los animales salvajes (y, en particular, las aves) juegan. Si tú no eras una de ellas y ahora sabes alguna cosa más, o tras haber leído esta entrada lo entiendes un poco mejor, me alegro de haber contribuido a ello 🙂


Como siempre, te animo a dejar tu comentario y espero que vuelvas por aquí para leer la siguiente entrada. ¡Nos leemos!


Roger Valls Martínez


 

¹ Bond, A., & Diamond, J. (2003). A comparative analysis of social play in birds. Behaviour, 140(8–9), 1091–1115. https://doi.org/10.1163/156853903322589650


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6 Kommentare


paulosky66
16. Feb.

Qué maravilla de entrada!!! 😍🙌🏽 me encanta descubrir siempre cosas sorprendentes de mis bixillos de vuestra mano... GRACIAS!

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Roger Valls Martínez
Roger Valls Martínez
16. Feb.
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¡Me alegra que te haya interesado Paula!

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Gast
16. Feb.

Me gusto el post. En casa "pepi" un amazonas aestiva de 10 años juega a menudo con el entorno, y cuando podemos con mis orejas también. Mientras leo la nota hace sonar unas tapitas de sonajero.

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Roger Valls Martínez
Roger Valls Martínez
16. Feb.
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Como digo en la entrada, cuando viven en cautividad es muy bueno que sepan jugar y que les ofrezcamos un entorno que les permita hacerlo. Es genial que Pepi juegue a menudo, y también que sepa hacerlo "sola" :) ¡Gracias por comentar!

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Gast
15. Feb.

Manolo y Alexia, Kaki y Lola!!! Les amo! Muy bien explicado Rogi, como siempre 😍

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Roger Valls Martínez
Roger Valls Martínez
16. Feb.
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¡Y los Rafas! Muchas gracias Clau 😘

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