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La Ética como Herramienta Profesional en la Rehabilitación de Fauna

  • Foto del escritor: Roger Valls Martínez
    Roger Valls Martínez
  • hace 6 horas
  • 7 Min. de lectura

La ética en rehabilitación de fauna puede parecer, a primera vista, un asunto personal. Y de hecho, pienso que así es, como lo es en todos los ámbitos. Pero el trabajo profesional en este campo gira precisamente en torno a la ética, pues nuestra finalidad última es ayudar a individuos de forma desinteresada, lo cual pone a la ética justo en el centro de la mesa. En esta entrada vamos a ver qué retos son los que esto acarrea y cómo podemos resolverlos.



La Ética es Individual, pero debe Consensuarse


Cada profesional llega al campo de la rehabilitación de fauna con un conjunto propio de valores, experiencias y prioridades. Pero cuando trabajamos con animales salvajes —especialmente en contextos de urgencia, incertidumbre y toma de decisiones complejas— esa ética deja de ser solo una cuestión individual para convertirse en una referencia fundamental que guía nuestra práctica y condiciona el bienestar y el futuro de los animales que atendemos.


Quienes rehabilitamos fauna tomamos decisiones en escenarios que rara vez son tranquilos: ingresos críticos, animales muy comprometidos, presión emocional, grados de empatía, falta de información o limitaciones materiales o de tiempo. En esos momentos, es fácil que las emociones pesen más de lo que deberían, y que se impongan, por tanto, a la razón. Por eso es tan importante llegar a cada caso con una base ética sólida y construida de antemano. Cuando esa base existe —cuando hemos reflexionado, formado criterio y entendido nuestras obligaciones— las decisiones son más claras, más justas y más responsables.


Hay casos que son verdaderamente desoladores y en los que es realmente difícil saber cuál es la decisión correcta, como el de esta monita electrocutada. - Fotografía propia.
Hay casos que son verdaderamente desoladores y en los que es realmente difícil saber cuál es la decisión correcta, como el de esta monita electrocutada. - Fotografía propia.

Y este ejercicio debe hacerse como equipo. Toda institución dedicada a la rehabilitación y al cuidado de fauna está formada por un conjunto de personas que trabajan de manera coordinada, y es esencial que ese equipo construya un marco ético común. En mi experiencia, disponer de este marco —construido de forma colectiva y asumido por todos los profesionales que representan a la organización— es fundamental para trabajar con coherencia, reducir conflictos y agilizar la toma de decisiones. En él deberían definirse, con claridad y rigor científico, los criterios que guiarán las decisiones relacionadas con nuevos ingresos, liberaciones, eutanasias o la permanencia en cautividad de determinados individuos, entre otras.


Los compromisos que adquirimos como cuando trabajamos por los animales, no son abstractos. Son concretos y múltiples: hacia los propios animales, en primer lugar, a quienes debemos bienestar y dignidad; hacia nosotros mismos, porque en el futuro debemos poder convivir con nuestras decisiones pasadas; hacia quienes confían en nosotros y ponen un animal salvaje en nuestras manos; hacia nuestros compañeros, ya que cada acción refleja el compromiso ético y profesional de toda una profesión; y hacia la sociedad, que espera que actuemos con responsabilidad y respeto hacia la vida salvaje.


La ética individual, sin embargo, no es estática en cada persona. Evoluciona con los conocimientos, con la experiencia acumulada y con la propia evolución de la ciencia, y de la rehabilitación de fauna como disciplina. En las últimas décadas hemos pasado de centrarnos principalmente en devolver animales físicamente funcionales al medio natural, a tener en consideración criterios mentales/cognitivos y conductuales para determinar cuán preparados están dichos animales para adaptarse exitosamente, así como a incorporar una mirada mucho más profunda sobre el bienestar individual durante todo el proceso de rehabilitación: minimizar el estrés, evitar el dolor innecesario, ofrecer dietas adecuadas, enriquecer el entorno, facilitar comportamientos naturales y, en definitiva, promover vidas dignas incluso dentro del contexto artificial del cautiverio, ya sea temporal o permanente.


Replicar el entorno natural de los animales para habituarlos a este y promover conductas que les ayudarán a sobrevivir y establecerse exitosamente es fundamental, y sin embargo todavía a día de hoy muchos profesionales se resisten a darle la importancia que merecen este tipo de prácticas. En estas imágenes se puede ver cómo una zarigüeya común (Didelphis marsupialis) ha elaborado su nido con hojas secas en su recinto de pre-liberación. - Fotografías propias.



El Código Ético del Rehabilitador de Fauna Silvestre


Cambios de convicción y de enfoque como los que he descrito justo antes no han sido impuestos desde las administraciones. En su mayoría han surgido desde dentro del propio sector. Un ejemplo de esto es el Código de Ética del Rehabilitador de Fauna Silvestre, redactado en 1988 por los miembros fundadores de NWRA (National Wildlife Rehabilitators Association) e IWRC (International Wildlife Rehabilitation Council), que nació como un compromiso colectivo, no como un requisito regulatorio. Sus principios —honestidad, integridad y responsabilidad— continúan siendo el eje de lo que se entiende hoy por una práctica ética.


A partir de ese marco, el Código relata una serie de compromisos que siguen siendo plenamente vigentes y que creo conveniente recordar, porque sirven de guía a la hora de asumir nuestros deberes y establecer prioridades:


  1. Un rehabilitador debe perseguir estándares altos de calidad asistencial a través de la formación continua. Nadie nace sabiendo y la rehabilitación de fauna es un campo complejo, con múltiples especies, particularidades fisiológicas y retos técnicos. Mantenerse actualizado no es un gesto de ambición personal, sino una obligación profesional hacia los animales a nuestro cargo.


  2. También debemos ser responsables y conscientes de nuestras acciones, atentos a la calidad real del cuidado que proporcionamos, más allá del esfuerzo o la voluntad. La dedicación, por sí sola, no es suficiente: sin competencia técnica, un animal puede sufrir —y esto es algo en lo que siempre pongo énfasis— aunque nuestras intenciones sean buenas.


  3. Aunque no siempre son justas ni tienen sentido, cumplir las leyes es también esencial. Conocer las regulaciones sobre especies protegidas, vectores de enfermedades, fauna exótica o “conflictiva”, y entender las limitaciones de los permisos, forma parte de ejercer con ética. Cada incumplimiento legal, aunque parezca menor, puede terminar dañando tanto al individuo atendido como a la credibilidad de la rehabilitación de fauna como profesión y a la nuestra como profesional individual.


  4. La seguridad —nuestra, de los compañeros y de los animales— es un pilar básico. Adelantarse a los riesgos, identificar fallos en instalaciones y manejar adecuadamente enfermedades zoonóticas es parte fundamental del trabajo.


  5. Otra obligación ética es reconocer los límites personales. No saber algo — o no saber hacer algo— no es un fallo moral, ni debe interpretarse como una herida en el ego; negarse a pedir ayuda sí puede serlo. Saber cuándo recurrir a otro profesional más experimentado en un campo determinado, mejora la calidad del cuidado y favorece una cultura de cooperación en beneficio de los animales. Y no hay nada más bonito y satisfactorio que eso, bajo mi punto de vista.


  6. Esa cooperación, precisamente, debe extenderse entre rehabilitadores y profesionales afines: compartir técnicas, conocimientos y perspectivas reduce errores y fortalece al colectivo. La diversidad de experiencias siempre aporta valor, incluso cuando no estemos de acuerdo.


  7. También debemos mantener el bienestar del animal por encima de cualquier interés personal. No es aceptable prolongar tratamientos sin un horizonte razonable, asumir casos para los que no estamos preparados o aferrarnos a un animal raro solo por la satisfacción de intentarlo. A veces, la decisión ética pasa por derivar o incluso por optar por una eutanasia humanitaria cuando la vida futura del animal no se prevé compatible con su bienestar.


  8. El respeto al individuo es crucial: tanto en vida como en muerte. Evitar la impronta, la habituación y el sufrimiento innecesarios del animal debe ser una prioridad. La liberación es el objetivo —hablando de rehabilitación que tiene la liberación por finalidad—, pero la liberación no siempre es posible. En estos casos, ofrecer una vida alternativa y con bienestar en cautividad, o una muerte sin dolor ni angustia es un acto de respeto, no un fracaso.


  9. La ética también implica abrirse a la comunidad: educar, informar, entrenar a otros profesionales o colaboradores y contribuir a que más personas comprendan cómo convivir con la fauna salvaje sin dañarla. Cada conversación con un potencial rescatador o usuario puede evitar futuros conflictos o ingresos innecesarios.


  10. A su vez, la rehabilitación debe integrarse en una mirada ecológica amplia. Aunque trabajamos con individuos, tenemos la responsabilidad de entender las implicaciones para las poblaciones y los ecosistemas: evitar la liberación de enfermedades, no generar fauna “conflictiva”, tener en consideración los ciclos naturales y respetar la legislación.


  11. Finalmente, la profesionalidad —en la práctica diaria, en la comunicación y, especialmente hoy, en redes sociales— es parte fundamental de la ética. Las imágenes y vídeos de animales salvajes tienen un impacto social enorme. Publicar contenido que sugiera cercanía afectiva, manipulación innecesaria o trivialización del manejo no solo daña a la profesión, sino que también fomenta ideas erróneas en la ciudadanía. Mostrar sólo lo necesario, con respeto, profesionalidad y sin sensacionalismo, es parte fundamental del compromiso ético.


A este joven mono congo (Alouatta palliata) hubo que amputarle la cola —muy importante para esta especie— y también extirparle uno de los dos ojos. Perdió a su familia y llegó al centro de rescate cuando apenas tenía unos 8 o 9 meses de edad. ¿Crees que tendría posibilidades reales de ser liberado y adaptarse con éxito? Como ves, algunas decisiones son especialmente difíciles. — Fotografía propia.
A este joven mono congo (Alouatta palliata) hubo que amputarle la cola —muy importante para esta especie— y también extirparle uno de los dos ojos. Perdió a su familia y llegó al centro de rescate cuando apenas tenía unos 8 o 9 meses de edad. ¿Crees que tendría posibilidades reales de ser liberado y adaptarse con éxito? Como ves, algunas decisiones son especialmente difíciles. — Fotografía propia.

A una de estas dos amazonas frentirrojas se le extirpó un ala. En este caso es evidente que se trata de un animal no liberable, pero se consideró que podía tener una buena calidad de vida en cautividad y que, además, su presencia permitiría que el otro ejemplar —que sí es liberable— no se criara completamente solo, lo que habría conducido con seguridad a su humanización. — Vídeo propio.

La rehabilitación de fauna es mucho más que atender animales heridos. Es sobre todo devolverles lo que la actividad humana les ha quitado, educar con honestidad, aprender constantemente y actuar con coherencia incluso cuando las decisiones son difíciles. Como colectivo profesional, nuestra ética se convierte en una herramienta de trabajo tan esencial como cualquier medicamento, material o equipo. Y como personas individuales, es la brújula que nos debe permitir ejercer con compasión, pero por encima de todo, con responsabilidad y rigor.


Recordar estos principios no busca imponer una visión única, sino sentar unas bases mínimas a partir de las cuáles abrir espacio para la reflexión y la mejora. Quiero recordar que la ética no surge de forma innata en nosotros: evoluciona constantemente, y debería hacerlo de acuerdo a nuestros aprendizajes y experiencias, con cada animal y cada decisión que tomamos. Y creo que es en esa construcción donde reside el verdadero valor de la rehabilitación de fauna como profesión y como compromiso con la vida silvestre.


¿Qué piensas tú? Déjame tu comentario o reflexión más abajo y, como siempre, ¡nos leemos en la próxima!



Roger Valls Martínez

1 comentario


Laura
hace 5 horas

Me encanta esta entrada, desde ya mi favorita hasta ahora 💚

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