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  • Foto del escritorRoger Valls Martínez

Gestión de cantidades en las dietas para fauna en cautividad

La alimentación de la fauna cautiva es un punto crítico (como tantos otros) en su bienestar. Determina mayormente su salud física, pero también juega un papel muy importante en su salud mental, pues define parte de su patrón de comportamiento en cautividad. Cuando hablamos de dietas, es fácil perderse, pues hay mucha ciencia en ellas, pero en este post intentaré arrojar luz sobre un punto en concreto que considero limitante: la gestión de las cantidades.



¿Qué es la dieta y por qué es importante?


Antes de empezar a hablar de dietas me gustaría definir este término que, dicho sea de paso, suele ser objeto de cierta confusión. En el ámbito del cuidado de animales, cuando hablamos de dieta hacemos referencia a la planificación estructurada de los alimentos que serán ofrecidos a uno o varios animales en base regular (diariamente, semanalmente…).


Plasmar las dietas en una pizarra es muy útil, cuando tienes a tu cuidado una colección grande y heterogénea de animales. Este caso es el de las dietas del refugio Avetropic a mediados del año 2022. - Fotografía propia.

El concepto “dieta” no tiene porqué estar relacionado con un objetivo de pérdida de peso, que es con lo que usualmente tendemos a asociarlo. En casos de animales con obesidad, una dieta específica para ellos sí puede tener temporalmente el objetivo de hacerle bajar de peso, sin embargo, esto no es así por norma. Por lo general, una dieta debe tener por objetivo optimizar la salud física y mental del animal, ni más, ni menos.



¿Qué tenemos en consideración al planificar la dieta?


Cuando se trata de alimentar a los animales, se habla de los alimentos, como es lógico: cuáles son buenos y cuáles no. A este respecto, suele utilizarse recurrentemente la palabra saludable. Bajo mi punto de vista, calificar de buenos o malos los alimentos no tiene demasiado sentido, al margen, como es lógico, de ciertos productos que puedan ser peligrosos incluso en pequeñas cantidades para los animales a los que van a ser ofrecidos. Véase, por ejemplo, el aguacate en aves psitácidas. Lo que puede calificarse como bueno o malo, en todo caso, es la dieta en su conjunto.


En este sentido, también se tiene en consideración, aunque en menor medida, las proporciones que cada uno de los alimentos va a representar en la dieta del animal. Y ahí sí coincido: una dieta apropiada debe estar constituida por un conjunto de alimentos en unas proporciones determinadas para que verdaderamente sea equilibrada y satisfaga las necesidades alimentarias de los animales a los que va destinada.


La variedad de alimentos en la dieta es algo muy positivo para el bienestar de los animales. - Fotografía de Noelia Sánchez.

Sin embargo, menos comúnmente se hace referencia al ajuste de cantidades cuando se habla de dietas, especialmente en entornos domésticos, aunque también lo he visto en el ámbito profesional. Y, de hecho, como voy a tratar de desgranar a continuación, una dieta perfectamente formulada en lo que respecta a los alimentos y sus respectivas proporciones, puede resultar un completo desastre si las cantidades no son reguladas con cierto criterio.



La selección: un arma de doble filo


Si lo único importante o lo único que nos preocupara fuera el aporte de nutrientes de la dieta, lo más sencillo sería ofrecer a nuestros animales una dieta con mínima variedad que tuviera una composición nutricional óptima. Sin embargo, patrones de conducta naturales como los comportamientos de forrajeo, los comportamientos de selección de los alimentos y la expresión de una variedad de comportamientos alimentarios diferentes son indispensables para el bienestar de los animales que viven en cautividad.


Y para ello, entre otras cosas, hay que ofrecerles una dieta cambiante y variada, lo cual, a pesar de tener los beneficios ya mencionados, hace más difícil el garantizar que los animales se nutran de forma equilibrada. Esto se debe a que, frente a una dieta con variedad de alternativas alimentarias, los animales seleccionan. Y aunque eso es algo positivo, como comentaba hace un momento, es la causa de que en ocasiones, dietas muy bien formuladas en lo que respecta a los alimentos ofrecidos y sus proporciones dentro de la dieta, resulten en animales nutridos inapropiadamente.


Aunque la variedad en la dieta promueve comportamientos y experiencias muy valiosos para los animales, también es una fuente de dificultad a la hora de balancear la dieta. - Fotografía de Noelia Sánchez.

Los criterios de selección de los animales pueden ser de lo más variados y dependen de múltiples factores: hormonales, innatos, adquiridos a través de las experiencias vividas, etcétera. Pero, en cualquier caso, el hecho de que muestren preferencias a la hora de elegir consumir unos alimentos frente a otros, los hace susceptibles de alimentarse de forma no saludable cuando tienen la posibilidad de hacerlo.


Entonces, ¿qué podemos hacer frente a esto? ¿Sucumbir ante la inevitable realidad de que van a comer lo que les de la real gana? ¿Restringir la variedad de sus dietas y limitarnos a ofrecerles un repertorio mínimo de alimentos balanceados? Pues no, tenemos muchas más opciones. Las estrategias a adoptar pueden ser varias e incluso combinar unas con otras, siempre en función del caso en particular, pero lo que nunca puede faltar, es llevar un control de las cantidades de cada una de las fracciones de las que se compone la dieta. En el siguiente punto trato de mostrar de forma ilustrativa qué sucede cuando ofrecemos alimento en exceso a los animales de los que cuidamos.



Caso práctico: dietas idénticas pueden ser completamente distintas si no consideramos las cantidades


Vamos a poner por caso que tenemos un loro (sé que siempre hablo de loros, pero es que son mis animales predilectos, qué se le va a hacer 😅). Se trata de un animal que está habituado a alimentarse de semillas de diferentes tipos y, hasta cierto punto de pienso, fundamentalmente alimentos secos. Sin embargo, los alimentos húmedos como la fruta y las hortalizas raramente le habían sido ofrecidos, por lo que tiende a descartarlos siempre que puede. A este loro le ofrecemos un menú como el siguiente en un día determinado:



Proporciones

Pienso

40 %

Fruta y hortalizas

40 %

Semillas

20 %


Este es el menú de un día de acuerdo con la dieta que tenemos programada, que contempla los alimentos que forman parte de la dieta y las proporciones que estos se ven representados en ella. Sin embargo, a partir de aquí, consideramos dos supuestos diferentes:


  • Supuesto A: Llevamos un control de las cantidades de cada fracción alimentaria en la dieta.

  • Supuesto B: No llevamos un control de las cantidades. Ofrecemos por defecto un excedente de cada una de las fracciones.


En todos los casos, la cantidad de alimento consumida por el animal al cabo del día sería bastante similar (aunque depende de diversos factores, pero no resulta determinante y agregaría una complejidad innecesaria a la explicación). Digamos, por ejemplo, que al final del día el loro consume entre 20 y 24 g de alimento, pongamos que son 22 g. Fíjate en la figura siguiente (Figura 1) cómo se distribuye el patrón de consumo en un caso y en otro (A vs. B), haciendo que dos dietas iguales en términos de alimentos y proporciones, sean completamente distintas a la hora de la verdad, cuando se ponen de manifiesto las preferencias del animal.


Figura 1

Ajustando las cantidades como hacemos en el supuesto A, el animal necesitará consumir buena parte del alimento que le hemos ofrecido para satisfacer sus necesidades alimentarias, lo cual incluye las semillas (obviamente, pues son su alimento preferido), el pienso, y también los alimentos frescos, como es la fruta y la hortaliza en este caso. Como se puede ver en las gráficas de la izquierda, en este caso, la composición de la dieta realmente consumida por el animal será prácticamente la misma que la de la dieta teórica que se había planificado para él.


Como es lógico, en el supuesto B nuestro loro tenderá a consumir las semillas en la medida en que le sea posible (10 g) y, cuando ya no disponga de ellas, hará uso de el siguiente alimento de su preferencia, que es el pienso (12 g), hasta cubrir sus necesidades diarias (22 g). En este segundo caso, como puede verse en las gráficas de la derecha, la composición de la dieta consumida en realidad por el animal, nada tiene que ver con aquello que pretendíamos que consumiera cuando formulamos la dieta (la dieta teórica).


Por tanto, se aprecia cómo diferencias en las cantidades ofrecidas, incluso en dietas teóricamente idénticas, pueden resultar en patrones de alimentación completamente diferentes de aquellos pretendidos.


Recuerda que la dieta de un animal, en realidad, no es aquello que le ofrecemos, aquellos alimentos que ponemos a su disposición, sino aquello que el animal efectivamente come. Por lo tanto, cuando formulamos una dieta, no podemos quedarnos en la teoría y conformarnos con su validez; es fundamental poner la dieta en práctica y ajustar las cantidades para que los animales consuman aquello que necesitan para gozar de un estado de salud apropiado.


Un último apunte: matizar que la adaptación a nuevos alimentos y nuevas dietas debería ser, siempre que sea posible, gradual y paulatina. Una transición repentina en el entorno del animal (en este caso, el entorno alimentario) será sujeto de cambios en el patrón de comportamiento de los animales en un corto periodo de tiempo y, por tanto, de cierto grado de estrés.


Espero que este post haya resuelto algunas dudas y ayude a trazar el camino para mejorar la alimentación de los animales que vosotros, lectores, tenéis a vuestro cargo. Ya sabéis, cualquier duda, comentario o sugerencia, estaré súper agradecido de que lo dejéis en comentarios. Gracias por leerme, ¡hasta la próxima!



Roger Valls Martínez

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2 Comments


Bárbara
Bárbara
hace 6 días

Super interesante! Muchas gracias por el post! Imagino que también hay que tener en cuenta el momento de ofrecer qué comida (por ejemplo fruta y verdura a primera hora) y al medio día al retirarla colocar pienso y/o semillas para consumir por la tarde, no? Así también les "obligamos" a comer lo que menos les gusta cuando más hambre tienen. :-)

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Laura Valero
Laura Valero
hace 3 días
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Además me gustaría añadir que habrá que tener especial cuidado respecto al clima donde vivimos y por tanto nuestros animales. Por ejemplo la fruta y la verdura en pleno verano en Murcia no puedes ponerla y olvidarte, a lo mejor hay que planificar repartirla en varias tomas para evitar que su calidad disminuya y nuestros loritos enfermen, ya ni hablamos de extras como el huevo.

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